Recostada eternamente en este lugar de sol fulminante y sabor a sal... Me pregunto si es posible que tal belleza fuera creada de la nada.
¡Oh! puerto mío resplandeciente puerto sazonado de vainilla, de café, maíz y caña. Puerto de sabor agridulce… De coloridos trajes, gente y culturas... Cuna de dioses, cuna de voladores que resguardan el cielo eterno…
Hombres de Palmiches, seres con corazón de barro. De la tierra más gallarda, flor de América, y pétalo de México, tus sonrisas, tus campos, tú; sólo tú. Desde la melodía que embelese a los visitantes... Transportándolos a tus épocas de oro. Desde la colina más alta donde observaba aquel campesino imaginando lo inimaginable…
Aquel parque que resguarda el alma del poeta que entre sus palabras y líneas plasmó lo bello y lo eterno. De los músicos que en sus letras dibujaron tu embriagante faz… Que en sus melodías crearon los más bellos Pensamientos. Del pintor que hizo eterno los murares que muestran tu pasado glorioso y tu futuro prodigioso. Árboles que se mecen con el cálido viento.
Mangales, sapotes, mulatos… Son aves de colores, aves de suaves cantares. Son rumba, huapango, y son. Es el conjunto del norte y del sur, de las altas montañas a la costa. Esto es lo que soy un mundo de sabores, colores, lenguas, cultura y tradición. Soy simplemente Veracruz.
Colaboración de
Pato
México
